La rehabilitación, dirigida por el estudio comarcal Vega y Asociados, ha
costado 4,3 millones de euros, financiados a partes casi iguales por el
Ayuntamiento, la Diputación y fondos europeos de regeneración urbana. La obra
no se limitó a consolidar la estructura: se soterraron las cámaras frigoríficas,
se abrió una segunda entrada hacia la calle del Pósito y se reservó el ala norte
para lo que sus responsables llaman «usos de futuro».
Ahí está la principal novedad: una escuela de cocina con doce fogones que
gestionará la asociación de hosteleros, y seis puestos «de temporada» que se
alquilarán por meses a productores de la comarca. «Queríamos evitar el error de
otros mercados rehabilitados, que se convierten en decorados para turistas»,
explica la concejala de Comercio, Nuria Estepa. «Aquí primero se compra el
tomate; después, si acaso, se fotografía».
El mercado, en cifras
- Inaugurado
- 14 de mayo de 1912
- Superficie
- 2.940 m² en dos plantas
- Puestos
- 84 fijos + 6 de temporada
- Inversión
- 4,3 millones de euros
- Horario
- L–S, 8.00–15.00; V también 18.00–21.00
De los 61 comerciantes que cerraron en 2023, han vuelto 49. Otros doce
puestos se han adjudicado a caras nuevas: una quesería de cabra verata, un
despacho de pan de masa madre y —señal de los tiempos— un puesto de comida
para llevar regentado por dos cocineros que dejaron Madrid durante la pandemia
y ya no quisieron volver.
El viernes de la reapertura, la plaza del Grano acogió una verbena que se
alargó hasta bien entrada la noche. Entre los asistentes, muchos recordaban el
mercado de su infancia, el olor a especias del puesto de Casimira, los sábados
de gentío. «Esto no va de nostalgia», corregía sin embargo la concejala Estepa,
«va de que dentro de veinte años alguien pueda tener estos mismos recuerdos».
A juzgar por las colas del primer sábado, el plan avanza.